¿Y usted qué opina?

Por las mañanas viven de vender verdad y por las noches, su propia mentira.

Manifestación

Ya no se valora ni a periodistas ni a jueces. Unos, porque hace tiempo que no encienden la luz para que podamos ver a las cucarachas. Otros, porque dejan demasiadas veces que se les escapen vivas. Los datos del último barómetro del CIS deja ver que periodistas y jueces son los profesionales peor valorados —eso sí, quedan fuera los políticos y banqueros—. Los mejor valorados son médicos y profesores, esos que últimamente protagonizan mareas humanas, verdes, blancas, de todos los colores.

No les culpo. Yo tampoco creo en los periodistas.

Por la mañana venden crónicas en redacciones que disfrazan de verdad. Papel entintado de dimes y diretes, vacíos de historias, con más datos que protagonistas, más de los de arriba que de los de abajo.

Ayy, ¡el papel! Tan limitado que obliga a la jerarquía. Tan mal jerarquizado que ¡eh ahí sus limitaciones!

Y esos mismos que firman verdad, que su prestigio depende de que su verdad sea más verdadera que la de su colega que hoy publica lo contrario, esos mismo no temen en reivindicar sus mentiras por la noche. Su cara, su nombre y sus “¿y tú de quién eres?” en pantalla. Y una opinión. La suya. La de quien vive de contar la verdad por la mañana y saca pecho en ese corral nocturno.

Y dice Jaime G. Mora en su Aldea Digital que cómo es posible que todavía nos sorprendamos. «¿Qué confianza merecen las informaciones de aquellos que se pasan el día tuiteando opiniones y acudiendo a tertulias?».

La misma que merecen de quienes depende poner a los corruptos entre rejas pero prefieren pelear por ver su nombre junto a un caso estrella.

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El gol y el muerto

ImageEl día en que murió Hugo Chávez, en muchos de los televisores de ABC el Conde de Montecristo intentaba escapar del calabozo del Castillo de If. Apenas unos minutos antes, esos mismos televisores mostraban a once hombres de verde, que provocaban sonoros bramidos en la redacción.

El día en que murió Chávez, Modric devolvió a la afición merengue el sueño de «La Décima» y en ABC apenas hubo tiempo para cambiar de canal.

Pero ella es venezolana, es ahí donde están sus raíces y también sus informadores. «¡Ha muerto Chávez!», espetó antes de que lo hicieran los teletipos. Y los televisores de ABC sintonizaron a Maduro, la portada impresa se tiñó de rojo y las «rotativas se pararon».

Porque habrá un momento en que tendré que pensar dónde estaba el día en que murió Hugo Chávez. Estaba aquí. Estuve.

Se necesitan periodistas (con o sin experiencia)

Ya nadie habla de Bárcenas.

Que dimita el Papa no ayuda. Si alguien quería cubrir los dichosos «papeles» del extesorero del PP con una cortina de humo le ha caído del cielo una fumata papal. La actualidad es caprichosa y las noticias nacen y mueren sin dar tiempo a que la proteína quinasa C las fije en nuestra memoria a largo plazo. Y es entonces cuando nuestra mala memoria nos envenena, nos hace inmune a las malas noticias, no deja espacio a preguntarse por qué.

¿Qué pasó con Bárcenas? ¿Son unos ladrones los dirigentes del PP? Y la peor de las preguntas, ¿alguna vez lo sabremos? O los papeles de Bárcenas quedarán enterrados para siempre en un cajón junto a nuestros peores recuerdos; o en el olvido. Tras la vorágine de tinta y papel en los que se ha impreso la palabra Bárcenas más de un millón de veces, sigo sin saber qué ocurrió. No se si considerarlos como los documentos que abrieron la gran caja de Pandora o los papeles apócrifos de la mentira. Cada uno que aguante su vela, y cada periódico con su perito calígrafo.

Hace unos días, un compañero escribía unas líneas sobre ciudadanos cansados de que la única respuesta del PP a un PSOE que lo acusa de corrupto sea un «y tu más». Y sí, unos son, otros son más, pero nosotros siempre menos.

En ese mismo artículo, entre el centenar de comentarios de los lectores se ocultaba una llamada de auxilio, una petición desesperada que me conmovió. Un tal Gekko, probablemente un apodo, imploraba por la verdad. Prácticamente nos rogaba a nosotros, los periodistas, por ella. «Señores periodistas, por favor denos la verdad, únicamente eso. Si ustedes no lo hacen ¿quiénes van a ser los que lo hagan?». Claro y directo.

En los principios y fundamentos de ningún periódico está la afiliación a un partido por encima de la verdad. O la defensa de quienes, corruptos y ambiciosos, menoscaban el bien común. Porque Kapuściński decía que un periodista no debe aplastar cucarachas. Bastaba con que prendiera la luz, para que la gente viera cómo las cucarachas corren a esconderse. Luego serían ellos, los ciudadanos, únicos amos del poder, soberanos, quienes derrocarían gobiernos. Pero en el periodismo español de hoy, cuando uno cree que ha descubierto una cucaracha, la tesis contraria parece tanto o más fiable.

Y de nuevo Gekko. «Por favor, traten la información con ética, nos lo merecemos, ha llegado el momento de dejar atrás los bandos y preocuparnos por nuestro futuro. Únanse a los que de verdad quieren que las cosas cambien y difundan sus mensajes. Nosotros ya no sabemos quiénes son los buenos, por eso es su responsabilidad ayudarnos». Buenos y malos. ABC y El País. PSOE y PP. Ciudadanos y poder. Responsabilidad.

Se necesitan periodistas. Con urgencia. Razón.. aquí.

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Los papeles que ElPaís publicó sobre la supuesta contabilidad B del PP

Periodismo ‘de barriga’

Cuando dirijo la mirada al suelo para mirarme los zapatos, cada vez me es más fácil darme cuenta de que la tripa me lo impide. Desde hace unos meses, mi barriga crece más y más y ya no puedo ver ni qué clase de zapatos tengo puestos. No digo que las cervezas del fin de semana o la comida basura no tengan parte de culpa, pero el diagnóstico es otro.

Mi tripa crece por el Nuevo Periodismo.

Ése que en lugar de lanzar al mundo a los intrépidos contadores de historias con «unos buenos zapatos y un cuaderno de notas» como lo hacía Antón P. Chéjov, dispone cómodas almohadillas y modernos reposa pies en las redacciones. Ése que cambia una rueda de prensa por el «streaming». Ese que no sabe si con quien habla tiene una bonita sonrisa, porque no se lo permite el teléfono.

A mis 25 años, lo único que me da más miedo que quedarme en paro es tener trabajo. Tener trabajo significa tener algo que perder, y en este Nuevo Periodismo, también significa encadenarse a una silla y un ordenador y sentir que, mientras tanto, las historias que deberían llenar los periódicos están ocurriendo fuera.

Dice Santiago Segurola que en las redacciones de los periódicos se aprende más de los vericuetos de la vida que en un doctorado sobre Maquiavelo. Pero, yo añado, también se corre el riesgo de creer que desde estas cuatro paredes es posible conocer el mundo. Y contarlo.

Detrás de las declaraciones de cada político se esconde una verdad y una mentira. También en las redacciones. Aunque aquí ya no se fuma, el aire está más viciado que nunca. Probablemente de la respiración de tantos periodistas encerrados cuyo aliento acaba contagiando, envenenando, adormeciendo el instinto. Y las ganas. Redacciones de periodistas atrincherados, aunque quizás el término trinchera sea demasiado pretencioso. Una trinchera es la resistencia, el “Vietnam de cada mesa” que Enric González recogió de la doctrina de Josep María Huertas. Resistencia frente a la empresa y los demás poderes. No hay trincheras en las redacciones; en todo caso, servilismo y barrigas. Periodismo barriga, que no de estómago o entrañas.

A este Nuevo Periodismo lo retrató el personaje de una película que he visto millones de veces: «Si te pregunto algo sobre arte me responderás con datos sobre todos los libros que se han escrito. Pero tú no puedes decirme cómo huele la Capilla Sixtina, nunca has estado allí y has contemplado ese hermoso techo. Si te pregunto por la guerra probablemente citarás algo de Shakespeare: ‘De nuevo en la brecha, amigos míos’. Pero no has estado en ninguna, nunca has sostenido a tu mejor amigo entre tus brazos esperando tu ayuda mientras exhala su último suspiro».

Escribir sobre lo que no se ha vivido. Contar lo que no se ha sentido. Explicar lo que no se aprehendido.

Desde mi butaca de la redacción —con cómoda almohadilla y moderno reposa pie— no llego a verme los zapatos. Ya no se si están o no desgastados, solo se que mi barriga no deja de crecer. Y cuando echo la vista hacia ellos, solo me encuentro con mi propio ombligo de periodista. ¿Por qué será que en las redacciones cuanto más alto en la jerarquía, mayor es la barriga?

rueda-prensa

Políticos y dimisión: «Aquí, en España, no dimite nadie»

Publicado en ABC

«Aquí en España no dimite nadie». Lo dijo la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, en referencia a la entonces ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde y su impopular «ley antidescargas».

Entre la clase política española, dimitir nunca ha estado de moda. El presidente del Comité Nacional de Derechos y Garantías del Partido Popular, Alfonso Fernández Mañueco, aseguraba que la madurez democrática hace más natural la dimisión del político, y nuestra democracia es más joven que la de nuestros vecinos europeos.

En los meses de inicio del verano, esta «tendencia a la baja» de las dimisiones de políticos españoles ha empezado a resquebrajarse. El Valedor do Pobo —defensor del pueblo gallego— Benigno López dimitía, a mediados de mayo, a dos meses de agotar su mandato al frente de la institución. Unas declaraciones desafortunadas sobre la Ley de Dependencia le pasaron factura. López aseguró que la ley había «nacido muerta», pues no había financiación para hacerla cumplir. La oposición pidió su dimisión y la Mesa del Parlamento gallego admitió a debate su proposición de cese.

Mención aparte merece el caso de Extremadura, donde tres altos cargos cayeron en dos días por vulnerar la ley regional de incompatibilidades. Abrió la veda el ya exconsejero de Salud y Política Social, Francisco Javier Fernández Perianes, quien mantenía una consulta privada de Oftalmología en la localidad portuguesa de Elvas. La misma suerte corrió el delegado del Gobierno, Alejandro Ramírez del Molino, quien era titular de una farmacia. Por último, la directora general de infraestructuras y transporte de la Junta de Extremadura, Marta García García, por ser su marido accionista de una de las empresas contratadas por la administración extremeña.

En el ámbito local, el exalcalde de Casares (Málaga), Juan Sánchez, dejó el cargo tras ser acusado de colaborar con la mafia rusa para blanquear dinero con operaciones inmobiliarias.

El Barómetro de Opinión del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de Mayo  situaba la preocupación por la clase política y los partidos políticos como el tercer problema más importante en España. Un 36,5 por ciento de los españoles cree que la situación política es mala, frente a un 28,3 por ciento que cree que es muy mala y un 24,9 por ciento que la considera regular. Además, ocho de cada diez españoles encuestados cree que es peor o igual que hace un año.

Tal y como apunta a Efe el catedrático de Derecho del Trabajo de la Universidad Rey Juan Carlos, Antonio Sempere, «las causas de la dimisión de un político no están reguladas por ley, pertenecen a la conciencia política de cada momento». Así, la única garantía de que el político responderá a quienes exigen su renuncia es su «buena voluntad».

SIN SENTENCIA NO HAY CONDENA

«Voluntariamente ofrezco mi sacrificio para que Mariano Rajoy sea el próximo presidente del Gobierno». Estas fueron las palabras del expresidente de la Generalitat Valenciana, Francisco Camps, tras dimitir el pasado julio por su implicación en la trama Gürtel. Mariano Rajoy calificaba su decisión de «ejemplaridad y responsabilidad políticas».

Todo un movimiento social, ligado al 15M y a los indignados, cobró fuerza en España antes de las elecciones del 20N. La premisa era «ningún imputado en las listas». Sin embargo, no sólo había imputados en listas electorales, sino que los hay desempeñando cargos públicos y militando en los principales partidos políticos.

Las escasas dimisiones en España ligadas a imputaciones, procesos judiciales e incluso condenas de cargos públicos tienen que ver con un sistema de listas cerradas elaboradas por los partidos que protegen a los políticos de exponerse tan directamente al juicio de sus votantes. Es ante el partido donde hay que rendir cuentas.

El PP considera que la dimisión es, como en el caso de Camps, una «decisión personal» del imputado, y mantiene su inocencia hasta el final del proceso. Como sostiene Mañueco, la conveniencia o no de que un imputado abandone las filas populares depende de «cada circunstancia y cada momento».

En este sentido, el profesor de Psicología del Trabajo de la Universidad Carlos III Luis Aramburu-Zabala asegura a Efe que una dimisión puede tener un impacto negativo para el partido —que en el caso español es como «una gran familia»— puesto que estaría renunciando «uno de los suyos». «Si cae uno de los nuestros, caemos todos». Es por ello que el compromiso ético se ve a veces mermado por el compromiso con el partido y las directrices que éste impone.

La experta en periodismo político Magis Iglesias asegura que «los cargos públicos deben asumir que su “culpa” política no depende exclusivamente de una condena judicial». «El político tiene unaresponsabilidad moral y democrática que le obliga a dimitir si —por error u omisión— ha defraudado a los ciudadanos» apunta la que fuera presidenta de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE). «La única fórmula que existe en democracia para asumir responsabilidades politicas ante hechos de gravedad es la dimisión, lo cual no implica en modo alguno la asunción de una culpa jurídica».

De profesión, político

Hasta los años setenta, concejales y alcaldes no tenían dedicación total en sus cargos al frente del Ayuntamiento. Cobraban dietas, en lugar de un sueldo, por el ejercicio de sus responsabilidades consistoriales y, al margen de éstas, desempeñaban otras profesiones por las que sí percibían un salario.

Sin embargo, como apunta Aramburu-Zabala, hoy «ser político en España es una profesión» y dimitir conlleva quedarse en el paro, y es uno de los principales reparos. A menos que la dimisión —como en el caso de los altos cargos extremeños— haya venido derivada por incompatibilidad con otras funciones, a las cuales uno puede dedicarse una vez retirado de la vida política.

Magis Iglesias es tajante al respecto: «Defraudar la confianza de los ciudadanos aferrándose al sillón o ignorando la gravedad de los hechos es un daño que se hace a toda la clase política, que pierde así prestigio y el respeto de la ciudadanía».

El negocio de la venta de armas en época de crisis

Publicado en ABC

El fotoperiodista Gervasio Sánchez, mientras recogía el premio Ortega y Gasset de fotografía en 2008, se atrevió a llamarlos «exportadores de la muerte». Se refería a países que venden armamento a otros que están en guerra. La guerra es la forma más antigua de relación entre estados, y también la más condenada y evitada por la comunidad internacional. Pero las armas con las que se hace son un negocio muy rentable para los países que las exportan.

En 2011, España ingresó 2.431,2 millones de euros por la venta de material de defensa, un récord histórico —supone un aumento del 115,5% respecto a 2010— según el informe sobre exportaciones de material de defensa y tecnologías de doble uso presentado por la Secretaría de Estado de Comercio ayer en el Congreso.

En los ocho años en los que José Luis Rodríguez Zapatero estuvo al frente del Gobierno las ventas de armas se multiplicaron por seis. Se trata de una buena fuente de ingresos que, en momentos de crisis económica, corre el peligro de aumentar.

Así lo han denunciado las organizaciones no gubernamentales (ONG) de la coalición española de «Armas bajo control» —Amnistía Internacional, Greenpeace o Intermón Oxfam, entre otras—. Las ONG han alertado del peligro de que la crisis sirva de excusa para dejar de cumplir la Ley sobre Comercio de Armas, que en su artículo 8.1 establece que no se podrán autorizar exportaciones de armas cuando «puedan ser utilizadas de manera contraria al respeto debido y a la dignidad inherente al ser humano, con fines de represión interna o en situaciones de violación de derechos humanos».

El secretario de Estado de Comercio, Jaime García-Legaz, compareció ante la Comisión de Defensa del Congreso para presentar las estadísticas de exportación y defendió que España dispone de una de las mejores legislaciones del mundo en materia de comercio de armas y el procedimiento de autorizaciones es «extremadamente riguroso y efectivo».

Según recogía Efe, García-Legaz aseguró que al Gobierno «no se le pasa por la cabeza relajarse sea cual sea la situación económica» en el cumplimiento de la legislación vigente en materia de armamento.

 Ventas que preocupan

Sin embargo, la principal denuncia de las ONG es la venta de armas españolas a Arabia Saudí (14 millones), Jordania (2,6 millones), Marruecos (1,5 millones) Egipto (69,83 millones) y Bahrein (6,3 millones) durante la «Primavera Árabe», lo que supone que España exportó armamento a países donde pudo «ser utilizado para cometer graves violaciones de derechos humanos». España exportó armamento a países donde se producen «violaciones de derechos humanos».

Los grupos parlamentarios coincidieron en esta crítica, poniendo el acento en el caso de Libia. El secretario de Estado recordó que en febrero de 2011 se revocaron dos licencias de exportación al entonces régimen de Gadafi, debido a la represión que ejerció contra la población Libia. El informe de «Armas bajo control» valora positivamente estos avances, pero asegura que siguen existiendo fallas en la transparencia de los datos sobre comercio exterior de armas.

Por ejemplo, solicita que estadísticas como las presentadas ayer se hagan públicas con mayor antelación. En esta ocasión, los distintos grupos parlamentarios poseían el informe tan solo una semana antes de la comparecencia de García-Legaz.

Por último, las ONG muestran su preocupación por la decisión del Consejo de Ministros, anunciada el pasado viernes 25 de mayo por la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, de apoyar con dinero público las exportaciones de armas españolas a través de créditos ICO y de suscribir «contratos Gobierno a Gobierno» para la gestión de programas de material de defensa con destino a la exportación. El miedo de «Armas bajo control» es que este impulso gubernamental a la venta de armas «coloque los intereses comerciales por encima de la preocupación por los derechos humanos». Por ello, piden al Ejecutivo que cualquier operación de este tipo «se ajuste escrupulosamente a la normativa vigente».

En busca de regulación internacional

La ansiada regulación internacional efectiva del comercio de armas puede llegar en julio de este mismo año. La ONU ha convocado a los países miembros a negociar en Nueva York el texto de un Tratado Internacional sobre el Comercio de Armas (TCA).

García-Legaz aseguró que el Gobierno apoyará la aprobación de este Tratado y mostró su compromiso con que el uso y comercio irresponsable e ilícito de armas sea erradicado.

Rubalcaba, la cara y la cruz de la experiencia

Rubalcaba en el Congreso. EFE

Dice el refrán que más sabe el diablo por viejo que por diablo. Y el animal político que es Alfredo Pérez Rubalcaba tiene a sus espaldas casi cuatro décadas de ejercicio público. Su extensa carrera en las filas socialistas —fue felipista y zapaterista— es su mayor fortaleza, por aquello de la continuidad, pero también su talón de Aquiles, pues esa experiencia anterior puede convertirse en un lastre en un momento en que el socialismo ha de buscar su renovación.

Hace casi cuatro meses, el PSOE proclamó a Rubalcaba secretario general de los socialistas por la mínima (ganó por 22 apoyos de entre 956 delegados). Así, la profunda división interna de su propio partido, destrozado tras los desastres electorales del 22M y del 20N, se hacía latente tras la pugna entre los partidarios del propio Rubalcaba y los de su oponente, la joven Carme Chacón. Tras el 38 Congreso socialista, las autonomías comenzaron a renovar sus cúpulas, sobre todo en los feudos donde Chacón se había hecho fuerte. En su discurso como candidato se presentó como «un líder fuerte, al que no van a quebrar». Pero tras su victoria habló de una responsabilidad «que nunca soñó» y que, probablemente, nunca creyó que recaería en él.

Alfredo Pérez Rubalcaba es líder de la oposición a este nuevo Gobierno de mayoría absoluta que ya ha cumplido sus cien días. Un Gobierno cuya mayoría debe a los deseos de los españoles de un cambio político. Un cambio que la longeva trayectoria de Rubalcaba parece no representar.

El líder socialista dejó sembradas las claves que regirían su oposición durante el debate electoral. A sabiendas de la derrota, usó su tiempo para demostrar el líder atacante que se planteaba ser desde la oposición, recriminando a un ya presidencial Mariano Rajoy su «programa oculto». Pero además, se mostraba como un líder defensivo, aquel que «ya estaba» en el anterior Gobierno y que es, por tanto, culpable de la «herencia envenenada» a la que el PP hace alusiones constantes. No es de extrañar, por tanto, que en estos más de ciento cuarenta días de gobierno se haya ocupado más bien de defender las políticas que llevó acabo su partido. Mientras Rajoy muestra datos catastróficos que justifiquen sus recortes, Rubalcaba los pone en duda para limpiar la cara de su partido.

La «oposición útil» que planteó en sus inicios, en busca del consenso para evitar agravar la imagen de división fuera de las fronteras españolas —ejemplo de ello son el consenso sobre Eta recuperado desde 2006 o el apoyo a la reforma financiera—, se ha tornado en oposición crítica, sobre todo en lo que concierne a la reforma laboral y los Presupuesto Generales del Estado.

Frente a medidas que el anterior Gobierno pretendía llevar a cabo, como la Amnistía Fiscal, y que el Partido Popular presenta hoy, Rubalcaba se suma a la crítica de ciudadanía y sindicatos, con quienes ha hecho un frente común para evitar el aislamiento.

Rubalcaba no está siendo todo lo incisivo que se le recuerda, pierde presencia mediática e incluso política. Los periódicos no hablan de él, sus declaraciones en el parlamento no ocupan titulares y hasta la propia Soraya Rodríguez, portavoz del PSOE en el Congreso, parece tener más fuerza que él. Nadie recuerda ninguna respuesta locuaz del líder socialista.

Ese «tono bajo» en el que Rubalcaba parece haber desarrollado su estrategia de oposición poco a poco retoma fuerzas. El desencanto ante los recortes del PP que la ciudadanía mostró en la calle en 29M y la victoria electoral en Andalucía han sido una inyección de confianza. O eso, o el «perro viejo» que es el líder socialista sabe que es ahora cuando debe salir de la sombra, ahora que el PP pierde apoyo ciudadano y popularidad, ahora que en la calle se busca, por fin, una alternativa al Gobierno.